Mi mano es ciega

 

Al lustrador de zapatos:

Descansa bien donde quiera que descanses

estaré siempre agradecido por esta muestra de integridad

Le di la mano a un trabajador

porque mi mano es ciega

y mis ojos son los testigos

cuando mi voluntad impera

Con voluntad de trabajar

no solo pide,  quiere dar

ofreció asearme los zapatos

repliqué: “suficiente es la voluntad”

Al darle la mano

me miraron mal

yo le dí de comer

y le empezaron a correr

Algún día se nos caerá la cara de verguenza

por la vista gorda que hicimos a la necesidad

no la del vicio, sino la de un estómago que llenar

ahí nos daremos cuenta que nadie nos salvará.

Detalles de imagen:

Bapstein Lepage – Diogenes

Bastein-Lepage_Diogenes.jpg

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